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Crítica: “Repulsión” (1965) de Roman Polanski.

Opinión

Por: Alba Cantero

29/03/2018

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Repulsión (1965) fue el primer largometraje en inglés de Roman Polanski, en aquel entonces aclamado por su ópera prima El cuchillo en el agua (1962), donde ya vemos muchas de las obsesiones que marcarán sus películas más destacadas. Repulsión es la primera de la llamada ‘’Trilogía del apartamento’’, seguida de Rosemary’s Baby (1968) y El Quimérico Inquilino (1974). Aunque aparentemente no tengan nada que ver en cuanto al argumento, esta trilogía posee numerosos factores en común: terror psicológico, apartamentos localizados en grandes ciudades, un cuidadísimo ambiente que recoge la cotidianidad pero a la vez lo sombrío, planos claustrofóbicos e incluso surrealismo. En resumidas cuentas, un terror intenso y retorcido que mantiene al espectador en constante tensión.

Repulsión (1965).

A pesar de que Repulsión fue un encargo con la finalidad de realizar un film que obtuviera beneficios asegurados por parte de la productora, Polanski se involucró de lleno en el proyecto y lo hizo totalmente suyo. Junto a su habitual colaborador Gérard Brach elaboraron el guión, sin tener ningún conocimiento clínico (Polanski lo reconoció más tarde), de una de las mejores películas acerca de la esquizofrenia y las enfermedades mentales; una obra que despliega virtuosismo, y que trata sin rodeos un tema tan delicado.

En Repulsión, el cineasta nos muestra una visión peculiar sobre la desintegración mental de una hermosa joven belga, Carol Ledoux (espléndida Catherine Deneuve), la cual es reprimida, hipersensible, totalmente dependiente de su hermana mayor (Yvonne Furneaux) y con una aversión absoluta al sexo opuesto.

Catherine Deneuve como Carol Ledoux en Repulsión (1965).

En plenos años 60, Repulsión recoge muchas influencias, desde Hitchcock (Psicosis, incluso Vértigo), pasando por un surrealismo digno de David Lynch: atmósferas inquietantes y claustrofóbicas (grietas que aparecen en el apartamento, relojes) hasta Luis Buñuel, y como los ojos remiten a Un perro andaluz. En los créditos de inicio aparecen los ojos de Carol, unos ojos que emanan angustia interior, una mirada perdida y una expresión congelada que será la misma durante prácticamente toda la cinta.

Catherine Deneuve como Carol Ledoux en Repulsión (1965).

El film, teñido de tintes realistas (al menos al principio) se desarrolla en un bullicioso Londres, donde asistimos a la vida de una joven ensimismada que trabaja en un salón de belleza, haciéndole la manicura a señoras encopetadas. Una chica con un gran trauma a sus espaldas, donde los hombres la desean, la acosan, admiran su belleza y ella simplemente los odia. A todos. Desagradables e inmundos ante sus ojos, sacan a relucir sus mayores inquietudes, miedos e inseguridades. Observamos que detesta a Michael (Ian Hendry), el señor casado y amante que está con su hermana (Yvonne Furneaux), y rechaza a Colin (John Fraser) aunque abra su corazón ante ella y le muestre sus más profundos sentimientos.

John Fraser, Renee Houston y Catherine Deneuve en Repulsión (1965).

Conforme avanza la historia, nos adentramos más en el inquietante y atormentado universo mental de Carol. La sordidez y suciedad que envuelve al apartamento en el que vive, el hecho de estar sola tras irse su hermana de viaje, hace acrecentar sus alucinaciones. Y es que Polanski hace que el horror esté instalado, en el silencio, sin necesidad de elementos escalofriantes, fantasmas o numerosos ‘’sobresaltos’’ inesperados; lo cotidiano, la normalidad, es un puente para el terror. Mediante un uso magistral de metáforas, nos introducimos en el estado mental de Carol: el conejo pudriéndose o las paredes agrietadas dan lugar a una gradual decadencia y declive mental, donde su represión sexual desemboca en una violencia incontrolable.

(…) todo se va deteriorando paralelamente a la mente de Carol, cuya belleza y fragilidad hacen un contraste chocante con la agresividad que desarrolla.

Repulsión (1965).

El silencio, absoluto protagonista, acompañado de unos ‘’tic tac’’ del reloj, hace que el espectador esté envuelto en una atmósfera inquietante y perturbadora, donde la esquizofrenia se ve reflejada en sonidos extraños. La música, a cargo del jazzista Chico Hamilton, se da en los exteriores y en los planos secuencia que siguen a Carol recorriendo las calles. Exquisita fotografía de Gilbert Taylor, rica en claroscuros, influencia del expresionismo alemán. A destacar el uso de travelling y panorámicas para mostrarnos el apartamento, efectos de óptica con la finalidad de disminuir los espacios y ver cómo todo se va deteriorando paralelamente a la mente de Carol, cuya belleza y fragilidad hacen un contraste chocante con la agresividad que desarrolla.

Catherine Deneuve como Carol Ledoux en Repulsión (1965).

Como suele acostumbrar, Polanski provoca al espectador, le obliga a hacerse preguntas constantemente a lo largo del visionado del film. En la decisiva escena final, volvemos al  retrato familiar que vimos al principio, esta vez deteniéndose en un señor y una niña de cabello rubio, que intuimos es Carol. Ésta mantiene una mirada desconcertante y fija al señor, que nos hace preguntarnos cuestiones que nunca se han especificado: ¿habrá sufrido abusos sexuales en su niñez, o sencillamente nos confirma su repulsión a los hombres?

Imagen final de Repulsión (1965).

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