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Crítica: “Possession” (1981) de Andrzej Zulawski.

Opinión

Por: Mateo P. Quero

03/04/2018

Opinión

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Isabelle Adjani como Anna en “Possession” (1981).

Estamos en algún lugar de Europa. Contemplamos una especie de ciudad sucia, desde sus afueras, cuando de repente un sonido diabólico invade la escena. Las imágenes que vemos dicen que nos encontramos en algún lugar de Berlín a finales de los años setenta. Un gran muro separa una ciudad que parece que es incapaz de ver la luz del sol. Sus muros y edificios están plagados de una tristeza postguerra mundial que acecha y que envuelve todo a su paso. Todo este enjambre de sentimientos nos contextualizan la historia de los personajes de la película: Mark, un espía retirado que vuelve a casa con su esposa y su hijo tras una larga investigación secreta, y Anna, una bailarina y profesora de ballet retirada y ama de casa que se encuentra derrotada ante su vida y necesita cambiar de aires y encontrar algo que la llene realmente. Cuando llega, ésta le pide el divorcio. Hasta aquí todo normal. O eso parece.

Zulawski juega, como siempre, con la emoción extrema humana, y lanza a sus actores en una pelea de gallos callejera que pone los pelos de punta a cualquiera, ya sea por la brutalidad pasional que se inhala entre los protagonistas, como por el sentimiento más terrorífico de conocer los límites de la conciencia y de la irracionalidad humana.

Isabelle Adjani como Anna en “Possession” (1981).

En Possession nada es lo que parece, ni nada guarda sentido con lo que hayamos visto con anterioridad. Zulawski juega, como siempre, con la emoción extrema humana, y lanza a sus actores en una pelea de gallos callejera que pone los pelos de punta a cualquiera, ya sea por la brutalidad pasional que se inhala entre los protagonistas, como por el sentimiento más terrorífico de conocer los límites de la conciencia y de la irracionalidad humana. Sumando la narrativa críptica, donde las acciones suceden con poca coherencia, alejándose de todo convencionalismo lineal, Zulawski establece un mecanismo irregular, casi mental, en el guión de su película, como si fuese un personaje vivo y tuviese la capacidad cambiar de registro a su gusto, perdiendo toda continuidad lógica posible.

Isabelle Adjani y Sam Neill como Anna y Mark en “Possession” (1981).

De alguna manera, en Possession somos testigos de una de las historias de amor más irreverentes y tóxicas del séptimo arte. Podemos decir que el amor que había entre los protagonistas ha degenerado en un odio que baila entre la dependencia y la repulsión. Desde una historia de una familia desestructurada al borde de la separación con un hijo totalmente desamparado, viajamos a una historia paranormal de posesiones y demonios con tentáculos que nos rompen todos los esquemas posibles. Resulta bastante duro para el espectador tener la capacidad de empatizar con los protagonistas de las historias de Zulawski, debido a que presentan códigos tan difíciles de sentir en uno mismo, pero que sin embargo los reconocemos como reales en alguna situación extrema de la vida. Como si de alguna forma se manifestase el estado más brutal e incontrolable del ser humano.

Zulawski presenta a actores envueltos en una interpretación extrema, haciéndonos bastante difícil la identificación de un género concreto, pero que nos causan la misma sensación de extrañeza y escalofríos que toda su obra.

Isabelle Adjani y Sam Neill como Anna y Mark en “Possession” (1981).

Es interesante la manera en que Zulawski lleva a su terreno los géneros cinematográficos y cómo los elimina por completo, haciendo “una película de Zulawski”. Y es que tenemos presente características de mil géneros posibles, ya sea de cine noir, de terror de serie B, o bien un drama familiar, todo englobado dentro de una misma historia, lo que hace a la película ser extrañamente verosímil con la realidad. Con esto quiero decir que en la vida real no todo es blanco o negro, sino que vivimos en un mundo inundado de estímulos diferentes, y Zulawski logra hacer una mezcla total de registros que hacen icónica su obra.

Además de en Possession, podemos ver esto en las películas que ya marcaron su estilo como director, como en Lo importante es amar (1975), con la icónica Romy Schneider -que consideró el trabajar con el polaco la mejor experiencia de su carrera por el sentimiento de haber podido dar lo máximo de ella como actriz-, o bien en su polémica segunda película sobre la invasión de Prusia en Polonia, El diablo (1972). Una es un drama romántico y la otra, un drama bélico, pero en ambas Zulawski presenta a actores envueltos en una interpretación extrema, haciéndonos bastante difícil la identificación de un género concreto, pero que nos causan la misma sensación de extrañeza y escalofríos que toda su obra.

Favio Testi y Romy Schneider en “Lo importante es amar” (1975).

El juego de contrastes hace que sintamos más extrañeza por lo que vemos en pantalla y sintamos un miedo incesante por no saber lo que puede llegar a ocurrir.

Isabelle Adjani y Sam Neill como Anna y Mark en “Possession” (1981).

Una de mis teorías es que el propio Zulawski hizo que Possession fuese una película metafísica de posesiones, creando un desorden en la mente del espectador a través de una historia aparentemente real, pero que se nos muestra de una forma siniestra y encriptada que nos revienta las neuronas. Zulawski nos hace presenciar una amalgama de emociones en su más extrema exposición. Lleva la psicología humana a su estado más animal, y nos introduce en ella, tejiendo una historia de posesiones como nunca antes ni después se ha llegado a hacer en la historia del cine.

Isabelle Adjani como Anna en “Possession” (1981).

Es necesario destacar la fuerza que otorga la labor de la cinematografía del francés Bruno Nuytten, que logra plasmar a la perfección la imagen lúgubre de la abandonada Alemania postguerra mundial, un escenario perfecto para desarrollar una historia de terror de tal envergadura. También refuerza esta ambientación la música compuesta por el compositor de cine polaco por excelencia Andrzej Korzynski, que logra mezclar la tristeza de la imagen con los sintetizadores de los años ochenta, dando a la película un aire turbio a la vez que fresco. El juego de contrastes hace que sintamos más extrañeza por lo que vemos en pantalla y sintamos un miedo incesante por no saber lo que puede llegar a ocurrir.

Isabelle Adjani como Anna en “Possession” (1981).

Como buena obra de Zulawski, Possession fue una película que tuvo prohibida su distribución en varios países, llegando al Reino Unido en la década de los noventa. Y es que Andrzej Zulawski tiene un espacio guardado para la provocación en cada proyecto que hace, llevándole a trabajar a Francia por los numerosos problemas que tenía con las autoridades comunistas polacas de aquellos años. Podemos decir que Possession marcó un antes y un después en su carrera como cineasta, no sólo porque los filmes posteriores no estuviesen al nivel de su legado anterior y pasasen por la crítica sin pena ni gloria, sino por la culminación de conseguir plasmar la expresividad humana en su estado más animal. No se han visto actuaciones tan viscerales y estremecedoras en todo su cine como las que le dieron Isabelle Adjani y Sam Neill en esta película. Si bien este extremismo es natural en su cine, tal es la presencia de estos dos actores que todavía no he podido olvidar ni separar a los personajes de la película. Resulta gracioso la fuerza que tiene el cine cuando se crean leyendas urbanas como la de que Isabelle Adjani practicaba brujería y que había hecho un pacto con el diablo para no envejecer.

Sam Neill como Mark en “Possession” (1981).

Creo que a día de hoy, no somos conscientes de lo importante y relevante que ha sido la obra del cineasta polaco Andrzej Zulawski para la historia de la cinematografía, cuya obra hemos tenido presente desde los innovadores años sesenta hasta su último aliento en el mundo de la dirección con la menospreciada Cosmos en el año 2015. Sin duda, podría decir que Possession es la mejor película de posesiones de la historia, y una película de culto por haber dado al mundo unas de las actuaciones más arriesgadas de la historia del cine que ha sido referente para filmes posteriores como Anticristo (2009) de Lars Von Trier, donde la actuación de dos únicos actores se ve expuesta a su máxima expresión, sumando la capacidad de crear el terror verdaderamente psicológico, donde lo paranormal explícito se presenta inesperadamente en pequeñas dosis junto a escenas extremadamente reales que hacen aumentar el desconcierto del espectador por el contraste siniestro de los hechos con las situaciones diarias de una familia desestructurada. Possession, más que una película, es una experiencia, una invitación a sentir las emociones al límite de nuestros sentidos y a ser partícipes de la historia de amor más brutal e incoherente jamás contada.

Isabelle Adjani y Sam Neill como Anna y Mark en “Possession” (1981).

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