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CRÍTICA: “PARIS, TEXAS” (1984) DE WIM WENDERS

Opinión

Por: Katya Birker Grabowsky

26/04/2018

Opinión

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Harry Dean Stanton como Travis en Paris, Texas (1984).

La familia es lo más importante, tanto si se tiene incondicionalmente como si uno se encuentra solo, perdido y aparentemente sin rumbo. De ello se da buena cuenta Travis, el protagonista de una de las cintas más entrañables de la historia del cine y uno de los títulos más conocidos y reconocidos del cineasta alemán Wim Wenders: Paris, Texas (1984). Diez años después de brindar a la humanidad el inconmensurable regalo que es Alicia en las ciudades (1974), el director más intimista del Nuevo Cine Alemán realizó otra estremecedora road movie portadora de una palpable y dolorosa melancolía que llega a lo más hondo del espectador.

Dean Stockwell y Harry Dean Stanton en Paris, Texas (1984).

Para empezar, todo el elenco de actores, sin excepción, si bien es éste escaso (aquí se demuestra que la calidad prima sobre la cantidad), ofrece unas interpretaciones espléndidas e inmejorables, llenas de sutiles matices que convierten a sus correspondientes personajes en auténticas personas, complejas y profundas, que no terminan de conocerse a sí mismas pero guardan por sus seres queridos sentimientos inmensos e incluso, en ocasiones, abrumadores.

Paris, Texas es una delicada sinfonía de la perdición, la soledad y la redención. (…). Es un viaje de búsqueda de la identidad propia, del lugar donde las piezas dispersas se unirán, cobrando sentido al fin. 

Aurore Clément como Anne en Paris, Texas (1984).

El eterno Harry Dean Stanton, que tristemente falleció hace menos de un año, encarna a Travis, ese hombre cincuentón y errante que deambula durante cuatro años por el desierto de Texas hasta que, finalmente, su hermano Walt da con él y acude en su ayuda. Este hermano entregado, comprensivo y paciente lo interpreta a la perfección Dean Stockwell, a quien se vio ese mismo año en Dune (1984) y se vería dos años después y en un registro muy distinto en Terciopelo azul (1986), ambas de David Lynch -director a cuyas órdenes trabajó Stanton en varias ocasiones-. La actriz francesa Aurore Clément da vida a Anne, la esposa de Walt y cuñada de Travis, una mujer cariñosa que adopta al hijo de éste como si fuera su verdadera madre. Hunter Carson comparte nombre de pila con su personaje, el susodicho hijo al que tanto Travis como Jane abandonaron hace cuatro años, en la que sorprendentemente fue su primera actuación. Por último, donde reside la máxima belleza del filme, su delicadeza y su sensual elegancia, es en Jane, la joven mujer de Travis, interpretada por la fascinante Nastassja Kinski, actriz alemana hija del también fascinante, aunque de un modo más siniestro, Klaus Kinski. 

Hunter Carson y Harry Dean Stanton en Paris, Texas (1984).

Paris, Texas es una delicada sinfonía de la perdición, la soledad y la redención. Una nostálgica visión de la vida centrada en las relaciones familiares que han sufrido las vicisitudes de la existencia humana, de la imperfección y fragilidad mental y moral de ésta. Es un viaje de búsqueda de la identidad propia, del lugar donde las piezas dispersas se unirán, cobrando sentido al fin. Es la representación realista del típico sueño americano, que raras veces resulta ser tan idílico como se pinta. Los sueños se rompen. Para ser exactos, en la mayoría de casos nosotros mismos los destrozamos, ya sea consciente o inconscientemente, tal y como hace el desdichado Travis, que aun teniendo lo que necesitaba para ser feliz, su propia naturaleza acabó por destruirlo todo. 

Nastassja Kinski como Jane en Paris, Texas (1984).

La fotografía de Robby Müller, asiduo colaborador de Wenders, es en gran parte responsable de las sensaciones que transmite Paris, Texas, captando con maestría la desolación de los paisajes, del árido desierto de Texas, que no son más que la proyección del fuero interno de los personajes, sobre todo de Travis, en cuyo lugar nos situamos desde el principio mismo de la cinta. En su labor predomina el uso de colores naturales y de una iluminación realista, esto es, hay luz en el exterior y sombras cuando debe haberlas, sin grandes artificios. Es especialmente destacable el juego de imagen que realiza en la segunda escena en el peep-show en el que el reflejo de Travis se sitúa justo sobre el rostro oscuro de Jane, simbolizando la unión de sus almas. El amor que sienten, manifestado a través de su hijo en común, llega a transformarlos en una única persona.

Nastassja Kinksi y Harry Dean Stanton en Paris, Texas (1984).

Sam Shepard, guionista de la cinta, esquiva hábilmente la cursilería creando unos diálogos realistas, sinceros y cargados de genuina emotividad. Asimismo, el sacrificio final de Travis, que es consciente de sus defectos y reconoce que su mujer y su hijo serán más felices sin él, otorga a la historia una crudeza que deja el corazón del espectador henchido de una agridulce emoción. El esperado, ansiado más bien, encuentro final entre Jane y Hunter, entre una madre y un hijo que llevan cuatro años sin verse, constituye una de las escenas más entrañables y conmovedoras de toda la historia del cine. Las palabras están de más -a Hunter tan sólo se le ocurre decirle a su madre: “Tienes el pelo mojado”, como muchacho tierno e inocente que es-, sencillamente se abrazan, sonríen y lloran de alegría, al igual que el espectador, que difícilmente será capaz de contener las lágrimas al ser testigo de ese momento tan íntimo y sobrecogedor. 

Hunter Carson y Nastassja Kinski en Paris, Texas (1984).

En definitiva, puedo afirmar sin temor a equivocarme que Paris, Texas es una auténtica obra maestra, así como uno de los ejercicios sentimentales de mayor ternura en toda la historia del séptimo arte. Está demostrado que el triángulo Shepard-Wenders-Müller es infalible, cada uno en su terreno, a la hora de crear imágenes de indiscutible y arrebatadora belleza y de transmitir al espectador todo el espectro de emociones humanas que derrochan los personajes. Sin olvidar por supuesto a Ry Cooder, cuya música country folk melancólica termina por perfeccionar esta maravillosa cinta.

Harry Dean Stanton como Travis en Paris, Texas (1984).

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