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Crítica: “Las señoritas de Rochefort” (1967) de Jacques Demy.

Opinión

Por: Mateo P. Quero

05/04/2018

Opinión

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Françoise Dorléac y Catherine Deneuve en Las señoritas de Rochefort (1967).

Delphine (Catherine Deneuve) y Solange (Françoise Dorléac) Garnier son dos hermanas gemelas que trabajan como profesoras de canto y danza infantil en el pueblo costero de Rochefort. Ambas sueñan con la oportunidad de viajar a París y conocer al amor de sus vidas, además de poder cantar y tocar el piano en los grandes teatros de la ciudad. Como si de un cuento o una historia digna de una ópera de Mozart se tratase, los personajes de la película vivirán en un ambiente de enredos y situaciones azarosas buscando su amor ideal, que se esconde a la vuelta de la esquina y cuyo paradero desconocerán hasta el final de la historia.

Grover Dale, Françoise Dorléac, Catherine Deneuve y George Chakiris.

En la década de los sesenta, el director menos vanguardista y experimental de la Nouvelle Vague se había asentado como icono del musical y el melodrama francés con sus obras Lola (1961), La bahía de los ángeles (1963) y su aclamada Los paraguas de Cherburgo (1964), que contaba con una jovencísima Catherine Deneuve de veinte años. Volvería a trabajar con ella unos años más tarde para hacer Las señoritas de Rochefort. Junto al músico por excelencia del nuevo movimiento cinematográfico francés, Michel Legrand, intentaron crear el propio Broadway en Francia con las estrellas del momento. Y vaya si lo consiguieron. Con sus guiones triviales y rodeados de historias de enredos amorosos típicos en la obra de Demy, y la música de free jazz y las divertidas letras de Michel Legrand, ambos consiguieron crear un icono del cine francés y un referente cultural que pervive aún a día de hoy.

Catherine Deneuve en Las señoritas de Rochefort (1967).

A pesar de que Jacques Demy hubiera sido tachado por sus coetáneos de no querer experimentar con el lenguaje ni de romper las reglas cinematográficas, su buen gusto y la estética de su cine hicieron que sus imágenes fueran inolvidables. Si bien para los más quisquillosos los personajes de las películas de Jacques Demy resultan muy poco realistas o muy estereotipados, esto es cierto y se hace con intencionalidad. De alguna manera, la historia nos está pidiendo este tipo de personajes, icónicos y diferenciados, y reconocemos perfectamente a cada uno de ellos con simples adjetivos y sus acciones y objetivos están bien definidos, ya que no existe gran pretensión en hacernos preguntar qué habrá más allá, sino que simplemente nos limita a disfrutar de lo que estamos viendo.

 

Demy crea en su cine un escaparate de belleza máxima y colores cálidos, donde el amor hacia el musical del Broadway más clásico y el cine en technicolor de los años cincuenta se presenta como una crítica a estilo de parodia que evidencia la escasez intelectual del mensaje que propagaba el cine clásico americano.

El idealismo amoroso. Esta es la meta final de los personajes de las películas del cineasta de la Nouvelle Vague Jacques Demy. Sin embargo, al contrario que todos sus compañeros de la Nueva Ola Francesa -que hicieron obras que iban en contra de la cultura vigente de la sociedad occidental de aquellos años; un mundo que estaba cada vez más americanizado y todavía apostillado de toda la decadencia que trajo a Europa la Segunda Guerra Mundial- Demy crea en su cine un escaparate de belleza máxima y colores cálidos, donde el amor hacia el musical del Broadway más clásico y el cine en technicolor de los años cincuenta se presenta como una crítica a estilo de parodia que evidencia la escasez intelectual del mensaje que propagaba el cine clásico americano.

Gene Kelly en Las señoritas de Rochefort (1967).

Y es que no hay mejor manera de poner en contradicción la forma cinematográfica vigente que jugar con sus mismos códigos y mejorarlos, añadiéndole la novedad de los nuevos pensamientos, y manifestar con la sátira las banalidades de sus historias. Vemos esta admiración cinematográfica tanto por la manera en que recrea los números musicales -con piezas que nos recuerdan a los musicales de Stanley Donen o Vicente Minelli- como en los propios intérpretes de las piezas, teniendo entre el reparto nada más y nada menos que el mismísimo icono de Broadway Gene Kelly, que a pesar de encontrarse en una edad tardía, parece que el tiempo no había pasado desde ese año 1952 cuando el mundo lo vio bailando y cantando con alegría bajo esa lluviosa ciudad nocturna de Cantando bajo la lluvia (1952).

Catherine Deneuve en Las señoritas de Rochefort (1967).

Jacques Perrin en Las señoritas de Rochefort (1967).

La película, a pesar de su fuente de luz y color que irradia alegría a todo el que la ve, tiene una mirada trágica ya que supuso el último trabajo de la carrera de Françoise Dorléac, hermana de Catherine Deneuve. Ambas se consagraron en la década de los sesenta por sus trabajos en grandes clásicos de Roman Polanski, François Truffaut, Luís Buñuel y Jacques Demy entre otros. Sin embargo, sólo compartieron reparto en una única película. En el año 1968, un accidente de coche se llevaría a la joven Françoise y dejaría una gran pesadumbre en el corazón de su hermana Catherine, una pérdida que jamás pudo superar. Sin lugar a dudas, Las señoritas de Rochefort fue un regalo y una última oportunidad de trabajar juntas para las hermanas Dorléac y de compartir pantalla juntas, viviendo intensamente hasta el último fotograma.

Catherine Deneuve y Françoise Dorléac.

Debemos agradecer a la restauración cinematográfica el que podamos volver a disfrutar como nuevas las películas de antaño, y de alguna manera vivir los reestrenos cinematográficos en la gran pantalla, ya que debido a la barrera del tiempo muchos no pudimos disfrutarlas como era merecido. Concretamente, habría que darle las gracias a la familia Vardá-Demy, quienes han hecho posible la remasterización de todas las películas del director durante los últimos años y que ponen de actualidad el cine de Jacques Demy. Y es que su legado ha sido impresionante y aún a día de hoy su estética es un referente clave para el cine actual. Desde La La Land (Damien Chazelle, 2017) o The Love Witch (Anna Biller, 2016), el cine de Jacques Demy se puede respirar aún y seguirá influyendo, ya que sus imágenes se han convertido en icono del arte pop del último siglo.

Catherine Deneuve y Françoise Dorléac.

 

 

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